El rol de la mujer en la edad de la globalización y de la Exclusión; una
definición cultural que necesita ser pensada.

No hay dudas que el rol de la mujer siempre ha sido impuesto; definido por la cultura o por la religión.
Necesitaríamos saber cuál es el verdadero, si es el que parte de los instintos o es el que se nos impone
en la sociedad de la que somos parte.

Un análisis de la historia de la humanidad, nos indica que las mujeres siempre hemos pertenecido a un
engranaje que forma parte de un todo ya establecido. Por supuesto que en este sistema, nadie puede
cuestionar lo que ya está determinado. Que la mujer  deba cumplir con su rol de madre, esposa, ama de
casa, hermana, hija y profesional... ¿Quién lo duda? Lo que no se incluye y no está totalmente claro
todavía, es si cada mujer puede disponer de su propia voluntad y por lo tanto sea ella misma, la que  
pueda determinar su conducta o su rol en la sociedad. Aunque hemos visto en la historia a muchas
mujeres sublevadas y realizando su propia esencia, hay muchas otras reprimidas por ideas o por  
dictámenes. Generalmente, dependen de un rol poco genuino siempre manipulado por las circunstancias
religiosas o culturales. En Mujeres y globalización de Lucía Gómez, Amparo Bonilla y Francisco Jódar de
la Universidad de Valencia, se afirma que “los proyectos globalizadores de acuerdo con el modelo
neoliberal han conformado una estructura social y económica altamente jerarquizada y excluyente. Este
nuevo escenario, ha originado un impacto profundo, aunque contradictorio, en la vida de las mujeres y en
las posibilidades de responder a la dominación masculina, tanto en el centro como en la periferia del
sistema capitalista mundial. Por un lado, la globalización ahonda en las desigualdades, no sólo las
sociales o económicas sino las provocadas por razón de sexo. Por otro, se han transformado o
metamorfoseado determinadas formas de dominación masculina. Así, podemos señalar que el feminismo
contemporáneo se enfrenta al reto de construir instrumentos teóricos que, señalando la forma que adopta
el patriarcado en su versión neoliberal y globalizada, permitan una crítica del lugar asignado a la mujer en
la lógica económica, cultural y simbólica de la globalización. Este desafío no significa que el feminismo
académico deba atender u “ocuparse” de la situación de las “otras mujeres” no occidentales, sino
abandonar modelos absolutos y atemporales de intelección y formas permanentes de entender la acción
política a partir de un sistema inmutable de coordenadas. No se trata tampoco de unir voces múltiples
proponiendo un feminismo inclusivo que mantiene el modelo centro/periferia en el que las mujeres de
color o las mujeres del tercer mundo constituyen la periferia. El feminismo contemporáneo debe adoptar
esquemas de pensamiento que cuestione el sesgo etnocéntrico del carácter universal del sujeto-mujer así
como una noción transhistórica de patriarcado”.

En suma, esto significa que no existe otro camino, para afirmarnos en nosotras mismas y cumplir con
nuestro verdadero rol de mujer en la edad de la globalización y exclusión, que la denuncia al violador o
represor de nuestros derechos trascendentales y humanos. Aunque esta tarea sea difícil de sostener, por
la  idiosincrasia de la otra parte que siempre negará su participación negativa y represora de la libertad,
es la única vía intelectual posible que destacará el rol propio y más genuino de la mujer. De este modo
también, siendo nosotras mismas las que determinemos nuestra voluntad de poder, podremos
desprendernos de aquellas estructuras sociales y económicas altamente jerarquizadas y excluyentes.

Gloria Jaliff
Londres marzo 2006
ENCUENTROS  Filosofía y cultura desde Latinoamérica

LATIN AMERICAN PHILOSOPHY AND CULTURE                                Londres - UK