ENCUENTROS  Filosofía y cultura desde Latinoamérica

LATIN AMERICAN PHILOSOPHY AND CULTURE                                Londres - UK                              
PENSAMIENTO  LATINOAMERICANO
ARTICULOS
Ética ecológica ante el neohumanismo metafísico
Una visión histórica y filosófica desde el mundo andino
 
Lic. Odilón Guillén Fuentes, Fundación Internacional de Philosophia Andina (FIIDPAZ)
Introducción.
Este ensayo hermenéutico del autor  expone el aspecto sociológico y psicopedagógico sobre nuestra época tecnócrata y del marketing, de
una praxis concreta, cotidiana, del hombre-masa de ciencia y la utilización de la tecnología, y de las formas variadas de técnica en el mundo
vital. Pues, abordar una cuestión de la praxis humana, para la conciencia es un asunto casi prioritario en el mundo actual (en el año 1995
realizamos un ensayo breve sobre el problema de “La conciencia ecológica”, pero lamentablemente “se extravió” en manos ajenas). La
ciencia y tecnología ecológicas (como Yachaypacha en el mundo andino, bajo una nueva visión hermenéutica, lingüística y epistemológica)
no es un simple hecho de ambientalismo; quizá lo sea el accionar de las políticas económicas, o de cierto romanticismo pictórico por la
naturaleza o de turismo personal; ellas, de por sí han desenvuelto siempre una ética ecológica, aquella que hoy bordea la esfera de la
conciencia moral, en los límites de la conciencia light, en la globalización cultural de Occidente en crisis. Arguedas, nos advertía: “peligra
nuestra vida y nuestra cultura” (Ortega 1984), pensando una Yachaypacha y en una sabiduría universal, arraigada en la memoria ancestral
de los andinos, que llamo Pachayachay (que no es pachasofía como quiere Estermann, ni cosmovisión como pretende M. Mejía, ni
cosmología como aparece en la parodia, en las omisiones y por el soslayo de interlocutores y fuentes, en Gustavo Flores Q. (2005: 25-52,
91-100, 135-136; 2006: 37, nota 7; 93, 101, nota 31; y el de 2007: vean las omisiones en el index nominum; a quien le precedo en precisar
los temas de nuestro tiempo; vean su libro de 1998); mi indagación filosófica y poética data de 1987-1997, frente al movimiento literario
“latinoamericanista” de homogenización cultural guiado por el influjo y lastre de la tradición eurocéntrica (los que se reúnen en la Sociedad
Peruana de Filosofía, y en SIFANDINA); pues creen que Occidente está ligado al cristianismo, sin saber que con quien está unido es el
catolicismo, el neotomismo, la masonería, y los gnósticos, para quienes Cristo es igual a Visnú o a Buda. 1. Proceso histórico de la
formación de una conciencia ética ecológica Trataremos de sondear en primera lugar un aspecto de la ética social actual: formación de la
conciencia ecológica ante los problemas ecológicos como responsabilidad moral y social. Lo cual no sólo concierne a instituciones o sujetos
ligados al aparato productivo (agentes económicos, Estado, servidores públicos o privados), sino también a entidades de consumo
(instituciones, científicos, técnicos, religiosos, sujetos singulares), en derechos o en deberes; ante lo cual el hombre andino ha respondido
conforme a su filosofía andina ancestral, con principios ético ecológicos.  
Leer

Sobre el bien común y la corrupción moral     
Por Gloria Jaliff

La palabra moral deriva de la palabra latina mos – moris y significa costumbre, modo de vivir, carácter o modo de ser.
Ética tiene un significado parecido aunque deriva de la palabra griega ethos- eos y significa morada, hábito o carácter
moral. La Ética tiene una connotación teórica y otra práctica porque el carácter moral, en tanto figura o forma espiritual, no
nos es dado sino conquistado, se adquiere por hábitos. EL hábito bueno se plasma como virtud (areté) Podríamos
preguntarnos a la sazón: ¿Qué significa para el hombre que maneja las cosas del estado ser virtuoso, o sea, tener
hábitos buenos para ser virtuoso y conducir sus actos?

Si nos remitimos a las dos terminologías, podemos entender que nuestro  modo de ser es lo que nos caracteriza a un
ser humano del otro. Hay tantos modos de ser  y de identidades como hombres en el mundo por lo tanto tenemos en el
mundo, variedad de pensamientos, de caracteres, de hechos y de costumbres. ¡Qué mundo más rico y maravilloso
tendríamos si todas esas costumbres y esos pensamientos fueran dirigidos hacia el Bien Común! Pero la realidad es
que actualmente el pensamiento del hombre esta muy lejos de pensar en el Bien Común y se dirige solo a conseguir
bienes personales, ficticios y fugaces. Los políticos, quienes deberían preocuparse del Bien Común abrazan ambiciones
personales y sólo persiguen su bien propio, de ahí la corrupción. Etimológicamente hablando la palabra política tiene una
connotación grandiosa ya que deviene de la palabra griega polis-eos y que significa ciudad. Pero “politike”  significa en
griego la ciencia que se ocupa de los asuntos del Estado cuyo fin es lograr el Bien de todos y para todos, por lo tanto
ambas palabras, son palabras que hablan de mantener a la ciudad bien asistida y en orden. Podríamos preguntarnos
también; ¿Qué significa corrupción etimológicamente? Corromper del latín corrumpere, echar a perder, degradar.
Corrupción del latín corruptio, putrefacción. Es claro que en la política, el tema que estamos tratando, hay mucha
degradación y putrefacción de principios morales y de hábitos degradados a lo más bajo y abyecto. Pareciera que esta
conducta es la que rige en la política, a los hombres de buena voluntad que nos gobiernan y como dice  José Ortega y
Gasset y menciona Miguel Ángel Polo Santillán en “Crisis moral y corrupción política,”

“Europa ha quedado sin moral” y otros mundos también agregamos nosotros….y no se trata según Ortega y Gasset de
reemplazarla sino de aspirar a vivir sin ella… Lo que deducimos por lo tanto, es  que ya  hay en el mundo, muchos
modos de ser que se están convirtiendo en  malos hábitos y que el mundo está lleno de actitudes y modos de ser
corruptos y de faltas de moral y que es una putrefacción mundial que continúa sin cesar y no tiene fin. Leamos entonces,
a los que pueden dar soluciones al respecto y dejémonos de divagar con opiniones e informaciones varias.


DIASPORIC KNOWLEDGE: LATIN AMERICANS IN EUROPE   
Paul Goulder

Diasporas have special knowledge "bases" and need what are often considered the trappings of the nation state: universities and national
libraries etc. in order to advance, archive and disseminate this knowledge. Those aspiring to the formation of multi-heritage societies should
support the development of these institutions for each of the diasporas.
Introduction: diasporic knowledge
The Café Filosófico in London has opened a new venue for ‘knocking about’ ideas and thought and Encuentros is to be welcomed as a
medium for sharing thought(s) with a wider group. This short paper – really a stub or texto-base for further elaboration – poses the question: is
there a separate category of knowledge which could be reasonably labelled diasporic, with implications for education policy in multicultural
and multi-heritage societies and for the debate concerning the Latin American diaspora – émigrés, exiles, transnational migrants and their
families. A diaspora has roots in one culture (or several root cultures) and is putting down roots in a new, host culture. Whilst a process of
mestizaje between host cultures and diasporic cultures in London results in multiple identities, it is sometimes overlooked that host cultures
have their own diasporas e.g. the world British diaspora.

This article uses the term diasporic knowledge in the sense that we talk about, for example, Andean knowledge. How may this knowledge
be advanced, archived,

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ETHNICITY; AN ARCHAEOLOGICAL OVERVIEW
César Astuhuamán (*)

Categories or nomenclatures in the classification of peoples or human groups, past and present, have changed during the last century, not
only due to developments in anthropological disciplines but also for historical and socio-political reasons.
An important anthropological proposal of ethnicity and ethnic group was elaborated by Barth (1969), whose influencial work expresses one of
the central differences between culture-historical and procesual archaeological approaches to ethnic groups. He introduced a subjective
approach to ethnic groups which stressed the actor’s own perceptions and active creation of identities; Barth emphasized “…ethnic groups are
categories of ascription and identification by the actors themselves…the characteristics of self-ascription and ascriptions by others...A
categorical ascription is an ethnic ascription when it classifies in terms of his basic, most general identity, presumptively determined by his
origin and background..” (Barth 1969: 10, 13). Barth argued that emphasis on ascription solved two conceptual problems related to ethnic
groups: first, their continuity depends on maintenance of a boundary not the cultural stuff enclosed; second, the membership to a group (op. cit.
p. 14-15).
Barth’s definition of “ethnic group” gradually undermined the use of ……
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ESTEREOTIPIFICACION
Gloria Jaliff

Homi K. Bhabha sostiene en “The location of Culture,”2004, Routledge, que “una de las características del colonialismo es su dependencia
con la idea que está ensamblada o conectada en la ideológica construcción del “otro.”  “Este modo de conectar ideas para formar un juicio
sobre el “otro”, como símbolo de diferencias culturales, históricas o raciales en el discurso del colonialismo, es un paradójico modo de
representación.” “Un modo de representación que puede representar tanto como un orden rígido como un desorden corrupto y demoníaco.”
Para comprender esta definición dada por Bhabha, necesitamos saber básicamente que significa por ejemplo “representar.” Stuard Hall
sostiene en “Representation: Cultural Representation and Signifying Practices,”1997, que algo puede ser descripto mediante una
representación pictórica o imaginaria. Stuard  Hall sostiene “que hay dos procesos o dos  sistemas de representación, en el cual las cosas o
las personas son representadas correlativamente con conceptos mentales.” “Formamos conceptos de cosas que podemos percibir pero
también formamos conceptos de ideas abstractas como la muerte o la amistad.” “Esta forma de representar consiste en establecer una
complejidad de relaciones ....
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SOBRE EL CONCEPTO DEL OTRO
Claudio Chipana Gutiérrez.

El propósito del presente artículo es entrar en la elucidación del “otro” tomando como eje de análisis los aportes de las corrientes
postcoloniales al campo de estudio de los procesos culturales, las relaciones transculturales e interculturales que caracteriza  mundo de hoy ,
de manera particular  a la Europa actual

La importancia de este concepto tiene mucho que ver con la necesidad de comprender el rol de las migraciones, los conflictos entre grupos
humanos de diversos signos culturales, la xenophobia que arraiga dia a dia en las ciudades europeas, así como el racismo que crea
fronteras  entre comunidades sustentadas en la intolerancia y la marginación.

El concepto del ”otro” puede ser de utilidad para explicarnos las relaciones entre las culturas hegemónicas y las subalternas, entre las
naciones eurocéntricas y  las ex colonias, prestando atención a los procesos de constitución y representación de las colectividades no
occidentales como resultado de prácticas nítidamente  imperiales. Es  especialmente  importante notar al mismo tiempo,  la función que
cumplen  los discursos y  las ideologias  en boga para sancionar la posición del otro. Por un lado se produce un determinado conocimiento
como resultado del encuentro y el uso de determinadas tecnologías para la representación del otro. Una situación que implica relaciones tanto
transnacionales como transaccionales.  Se ha hablado de procesos de hibridización cultural cuya interpretación es material de controversia,
pero a la vez de posibilidades de nuevas estrategias....
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Hegemonía e identidad en los límites del discurso*

Sebastián Barboza
(UBA/Ciudad Política, Argentina)


Introducción.  Orden simbólico y discursividad de las identidades.  
Sabemos desde los escritos de Levi Strauss que el orden simbólico se constituye a partir de un discurso ordenador. Un discurso lingüístico
que performa artificialmente sus límites y su constitución, que supone en sí una definición propia de sujeto y que predispone un sistema
específico de relaciones sociales, valorativas y morales. Esta tensión, que implica dar cuenta de los límites del discurso y del sujeto,
atraviesa el debate sobre las identidades, su conformación y la posibilidad de su existencia tanto en un plano filosófico como social y político.
Es en este sentido que este escrito intenta abordar la cuestión de la identidad, el sujeto y las articulaciones hegemónicas desde una
perspectiva posestructuralistra, siguiendo de cerca las perspectiva de Ernesto Laclau y Slavoj  Zizek.**
Me propongo dar cuenta del juego peculiar entre equivalencias y diferencias que estructuran la formación de identidades a la vez que la
hegemonía política y la constitución del sujeto. Para esto, en un primer punto se revisa la perspectiva de la hegemonía y las articulaciones
políticas como formadoras de identidades. En un segundo análisis nos remitimos a los límites del sujeto y al de las identidades en tanto
constitutivas del primero.

Sujeto, antagonismo, equivalencia y diferencia.
Para una conceptualización de la hegemonía
Señalan Laclau y Mouffe, que

«antes de formular nuestro concepto de hegemonía, dos cuestiones previas deben ser tratadas. La primera se vincula al estatus preciso que
en nuestro análisis acordaremos a la categoría de «sujeto»; la segunda, al concepto de antagonismo, ya que en una de sus dimensiones
capitales, la práctica articulatoria en que la hegemonía consiste define su identidad por oposición a prácticas articulatorias antagónicas.»   

Con respecto a la noción de sujeto, los autores van a sostener que siempre la usarán, en el Hegemonía y Estrategia Socialista, «en el
sentido de ‛posiciones de sujeto’ en el interior de una estructura discursiva». Con ello indican que los sujetos no pueden ser «el origen de las
relaciones sociales».
Lac1au y Mouffe al distinguir las nociones ‛sujeto’ y ‛posiciones de sujeto’ remiten, en algunas oportunidades, al concepto de estructura, lo
que supondría cierto nivel de contradicción con la imposibilidad de sutura social, con la propia definición de discurso que permanece asociada
a la idea de lengua en tanto código y por lo tanto, que podría comprometer el desarrollo de la noción de antagonismo. A partir de esta
distinción afirmarán que las posiciones de sujeto refiere al efecto de una determinación estructural que no puede constituirse por fuera de la
estructura aunque esta no lo determina previamente, caso contrario, se trataría de la emergencia o aparición del sujeto . Laclau y Mouffe
reconocieron que su elaboración de la noción de sujeto era insuficiente: a partir de los comentarios críticos de Zizek,  los autores han
emprendido una exploración de la noción bajo una orientación lacaniana.
Parece importante, sin embargo, señalar algunas cuestiones respecto del tratamiento del problema del sujeto en la obra de Laclau. A nuestro
entender, a lo largo de su trayectoria, e incluso cuando a partir de los comentarios críticos de Zizek rectifica su planteo deslizándose hacia
una concepción de sujeto de orientación lacaniana, Lac1au no logra desprenderse totalmente de las matrices teóricas objetivistas: la noción
mejorada de sujeto sigue aún entrando en el marco de Hegemonía.
El hecho de pensar al sujeto como constituido en tomo de una imposibilidad central (correspondiente a un campo social estructurado del
mismo modo), le permite dar una nueva vuelta de tuerca al problema de la ideología (aquí -según la definición de Zizek- la ilusión ideológica
estaría dada por la experiencia de que nunca habíamos tenido aquello que se supone que hemos perdido). Sin embargo, esta
conceptualización, que habilitaría a profundizar en los aspectos concernientes a la instancia de la subjetividad, deja en la oscuridad muchos
de estos problemas. De manera análoga al modo en que Laclau señala, respecto de la noción de sobredeterminación en Althusser, que
estaban dadas todas las condiciones para una radicalización del concepto que finalmente no ocurrió, el cambio de orientación respecto de la
noción de sujeto podría haber permitido pensar la posibilidad de que el sujeto no sólo se constituye discursivamente, sino además interviene
enunciativamente en la superficie del discurso introduciendo marcas o enfatizando acentos.
Si bien Laclau define a la construcción política como un proceso que no viene dado de antemano y que surge de una decisión, lo que se
plantea aquí, no es la definición acerca de una posible conceptualización -o no- de un sujeto de intervención, sino más bien, la apertura a
algunos interrogante s respecto de una zona poco explorada por el análisis del autor.
Más importante a los efectos de la construcción de la noción de hegemonía es el concepto de antagonismo: en el marco de la transposición
de la noción de discurso a lo social, los autores definen el antagonismo por oposición a la contradicción (que operaba en el terreno lógico) y a
la oposición (que operaba en el terreno de los hechos). La caracterización del antagonismo se plantea más adelante, explicitando su
diferencia con las categorías filosóficas antes mencionadas:

«(...)En la medida que hay antagonismo yo no puedo ser una presencia plena para mí mismo.» Pero tampoco lo es la fuerza que me
antagoniza: su ser objetivo es un símbolo de mi no-ser y, de este modo, es desbordado por una pluralidad de sentidos que impide fijarlo
como positividad plena: la oposición real es una relación objetiva -es decir, precisable, definible, entre cosas-; la contradicción es una
relación igualmente definible entre conceptos; el antagonismo constituye los límites de toda objetividad -que se revela como objetivación,
parcial y precaria-. Si la lengua es un sistema de diferencias, el antagonismo es el fracaso de la diferencia y, en tal sentido, se ubica en los
límites del lenguaje y sólo puede existir como disrupción del mismo -es decir como metáfora-.  El antagonismo escapa a la posibilidad de ser
aprendido por el lenguaje, en la medida en que el lenguaje sólo existe como intento de fijar aquello que el antagonismo subvierte.»  

Dejemos de lado las ambiguas referencias al lenguaje y la lengua, y retengamos, no obstante, la idea de fracaso de las diferencias, porque
será útil en la consideración de las lógicas de la equivalencia y la diferencia en la constitución de las identidades. Antes de pasar a la
consideración de estas lógicas, conviene tener en cuenta algunos argumentos más en tomo al antagonismo.                      
Laclau y Mouffe piensan que el antagonismo «como testigo de la imposibilidad de una sutura última, es la «experiencia» del límite de lo
social»: ahora bien, hay que entender que los antagonismos  «no son interiores sino exteriores a la sociedad», vale decir, que ellos
«establecen los límites de la sociedad, la imposibilidad de esta última de constituirse plenamente.»  En otros términos, la sociedad «no llega a
ser totalmente sociedad porque todo en ella está penetrado por sus límites que le impiden constituirse- como realidad objetiva.»
Esta penetración de la sociedad por sus límites (antagonismo) es, ajuicio de los autores, una subversión, noción que anteriormente
caracterizaran como «presencia de lo contingente en lo necesario», que se manifiesta «bajo las formas de la simbolización, de
metaforización, de paradoja, que deforman y cuestionan el carácter literal de toda necesidad» : vale decir, como construcciones discursivas.
Con esto se vincula la relación de equivalencia, que los autores presentan por medio de un ejemplo:

«(...) En un país colonizado, la presencia de la potencia dominante se muestra diariamente en una variedad de contenidos: diferencias de
vestimenta, de lenguaje, de color de la piel, de costumbres. Cada uno de estos contenidos, por tanto, se equivale con los otros desde el
punto de vista de su diferenciación respecto al pueblo colonizado y, por tanto, pierde su condición de momento diferencial y adquiere el
carácter flotante de un elemento. Es decir, que la equivalencia crea un sentido segundo que, a la vez que es parasitario del primero, lo
subvierte: las diferencias se anulan en la medida en que son usadas para expresar algo idéntico que subyace a todas ellas.»  

Corno se puede suponer, la referencia a ese algo idéntico en este contexto no refiere a esencia positiva alguna, sino a la presentación de la
negatividad:

«(...)Una relación de equivalencia que absorba todos los rasgos positivos del colonizador en su oposición al colonizado no crea un sistema
de posiciones diferenciales positivas entre ambos, simplemente porque ella disuelve toda positividad: el colonizador es construido
discursivamente corno el anticolonizado. Es decir, que la identidad ha pasado a ser puramente negativa. Es porque una identidad negativa
no puede ser representada en forma directa -es decir, positivamente- que sólo puede hacerlo de modo indirecto a través de una equivalencia
entre sus momentos diferenciales. De ahí la ambigüedad que penetra a toda relación de equivalencia: dos términos, para equivalerse, deben
ser diferentes (de lo contrario se trataría de una simple identidad). Pero, por otro lado, la equivalencia sólo existe en el acto de subvertir el
carácter diferencial de esos términos. Este es el punto en el que, según dijimos antes, lo contingente subvierte lo necesario impidiéndole
constituirse plenamente. Esta no constitutividad -o contingencia- del sistema de diferencias se muestra en la no fijación que las equivalencias
introducen.»

Se advierte la vinculación entre la relación de equivalencia y el antagonismo:

«...ciertas formas discursivas, a través de la equivalencia, anulan toda positividad del objeto y dan una existencia real a la negatividad en
cuanto tal. Esta imposibilidad de lo real –la negatividad- ha logrado una forma de presencia. Es porque lo social está penetrado por la
negatividad -es decir, por el antagonismo- que no logra el estatus de la transparencia, de la presencia plena, y que la objetividad de sus
identidades es permanentemente subvertida. A partir de aquí la relación imposible entre objetividad y negatividad ha pasado a ser constitutiva
de lo social. Pero la imposibilidad de la relación subsiste: es por eso que la coexistencia de sus términos no puede concebirse corno relación
objetiva de fronteras, sino corno subversión recíproca de sus contenidos.»

Tal corno indican Laclau y Mouffe, es importante tener en cuenta que, si la negatividad y la objetividad coexisten solamente a través de su
subversión recíproca, esto implica que nunca se logran las condiciones de una equivalencia total ni las de una objetividad diferencial total. No
obstante, los autores presentan, para esclarecer sus proposiciones y con el propósito de considerar «la estructuración de los espacios
políticos a partir de las lógicas opuestas de la equivalencia y la diferencia.»
A continuación, los autores concluyen:

«Vemos, pues, que la lógica de la equivalencia es una lógica de la simplificación del espacio político, en tanto que la lógica de la diferencia
es una lógica de la expansión y complejización del mismo. Tomando un ejemplo comparativo de la lingüística, podríamos decir que la lógica
de las diferencias tiende a expandir el polo sintagmático del lenguaje, el número de posiciones que pueden entrar en una relación
combinatoria y, por consiguiente, de contigüidad las unas con las otras; en tanto que la lógica de la equivalencia expande el polo
paradigmático -es decir, los elementos que pueden sustituirse el uno al otro- y de este modo reduce el número de posiciones combinatorias
posibles.»  

¿ Qué es esto, hegemonía ?
Con la presentación de las nociones estamos ya en condiciones de abordar la conceptualización de la hegemonía. Laclau y Mouffe
consideran que:

«(..)El campo general de emergencia de la hegemonía es el de las prácticas articulatorias, es decir, un campo en el que los «elementos» no
han cristalizado en «momentos». En un sistema cerrado de identidades relacionales, en el que el sentido de cada momento está
absolutamente fijado, no hay lugar alguno para una práctica hegemónica. Un sistema plenamente logrado de diferencias, que excluyera a
todo significante flotante, no abriría el campo a ninguna articulación; el principio de repetición dominaría toda práctica en el interior del mismo,
y no habría nada que hegemonizar. Es porque la hegemonía supone el carácter incompleto y abierto de lo social, que sólo puede constituirse
en un campo dominado por prácticas articulatorias.»

La no fijación de los elementos que se requiere para la existencia de la práctica hegemónica es pensada como semejante a la flotación de
significaciones en la constitución de las posiciones de sujeto. La fijación de significaciones en el primer caso imposibilitaría las prácticas
hegemónicas   -y a las articulatorias como un tipo particular de éstas-; en el segundo, supondría la aparición la emergencia del sujeto en
abandono de posiciones de sujeto. Sin embargo, el desconocimiento y la indecibilidad del contexto concreto de su aparición «garantizarían la
apertura final de esa cristalización virtual constitutiva de la subjetividad».
Ahora bien, ¿cuál sería la especificidad de la práctica hegemónica, qué la diferenciaría de cualquier práctica articulatoria? La respuesta   –en
extenso pero iluminadoramente-  de Laclau y Mouffe recurre al planteo de dos situaciones:

«Partamos de dos situaciones que no caracterizaríamos como articulaciones hegemónicas. En un extremo podríamos señalar, como
ejemplo, a la reorganización de un conjunto de funciones burocrático-administrativas según criterios de eficacia o racionalidad. Aquí están
presentes elementos centrales de toda práctica articulatoria: la constitución de un sistema organizado de diferencias -de momentos, por
consiguiente- a partir de elementos disgregados y dispersos. Y aquí, sin embargo, no hablaríamos de hegemonía. La razón es que, para
hablar de hegemonía, no es suficiente el momento articulatorio; es preciso, además, que la articulación se verifique a través de un
enfrentamiento con prácticas articulatorias antagónicas. Es decir, que la hegemonía se constituye en un campo surcado por antagonismos y
supone, por tanto, fenómenos de equivalencia y efectos de frontera. Pero, a la inversa, no todo antagonismo supone prácticas hegemónicas.
En el caso del milenarismo, por ejemplo, tenemos un antagonismo en su forma más pura y, sin embargo, no hay hegemonía, por cuanto no
hay articulación de elementos flotantes: la distancia entre las dos comunidades es algo inmediatamente dado y adquirido desde un comienzo,
y no suponen construcción articulatoria alguna. Las cadenas de equivalencia no fijan los límites del espacio comunitario, sino que operan
sobre espacios comunitarios preexistentes a las mismas. Las dos condiciones de una articulación hegemónica son, pues, la presencia de
fuerzas antagónicas y la inestabilidad de las fronteras que las separan. Sólo la presencia de una vasta región de elementos flotantes y su
posible articulación a campos opuestos -lo que implica la constante redefinición de estos últimos- es lo que constituye el terreno que nos
permite definir a una práctica como hegemónica. Sin equivalencias y sin fronteras no puede hablarse estrictamente de hegemonía.»

Al intentar vincular la categoría de hegemonía con la de posiciones de sujeto, podría decirse que esos efectos de frontera y equivalencia son
los que proveen algunas de las cristalizaciones que posibilitan la emergencia del sujeto, lucha entre fuerzas antagónicas. Sin embargo, la
aparición del sujeto sería siempre provisoria en virtud del exceso de sentido que es requisito para la formación discursiva, en el planteo de
Laclau y Mouffe. Este no es el terreno propio del sujeto sino el de las posiciones de sujeto, la dificultad parece surgir cuando se recuerda que
su definición estaría siempre en relación a un lugar en la estructura. De esta forma, el juego de articulaciones antagónicas y de fronteras
precarias quedaría contenido, finalmente, en la misma estructura que hace posible su aparición.
El desarrollo del concepto de hegemonía involucra una serie de cuestiones sobre las que no nos detendremos aquí. Baste señalar las
diferencias que los propios autores plantean con respecto a la posición de Gramsci:

«nos apartamos de la concepción gramsciana en dos puntos claves: en cuanto al plano de constitución de los sujetos hegemónicos -para
Gramsci es, necesariamente, el plano de las clases fundamentales-; y en cuanto a la unicidad del centro hegemónico -para Gramsci,
excepto durante los interregnos constituidos por las crisis orgánicas, toda formación social se estructura en torno a un centro hegemónico. »

Desde este posicionamiento, hay que entender que el sujeto hegemónico no necesariamente se define desde su condición de clase, y que
las prácticas hegemónicas no pueden dar cuenta de la totalidad de lo social y constituir su centro, dado que «en tal caso se habría producido
una nueva sutura y el concepto mismo de hegemonía se habría autoeliminado.»


Totalitarismo e identidad:
la práctica del lenguaje entre la necesidad y la imposibilidad
Será en la obra de Lacan donde se realice un aporte fundamental al psicoanálisis y a la filosofía, desde una óptica posesctructuralista cuyo
trabajo teórico se realizará a partir del signo, en tanto concepto que permite pensar en la diferenciación entre el significante y el significado.
El signo es en sí un elemento humano: constituye sus posibilidades de comunicación, pero al mismo tiempo refleja la tensión inherente del
sujeto y las dificultades de toda identidad. Sin embargo, es importante destacar que: «En torno a una relación del sujeto con el significante se
organiza la posición fundamental de la represión».  Esta represión no es, asimismo (únicamente) coerción física. Es la demarcación de un
límite significante en el cual se desarrollará la linealidad saussereana entre significados.
En el lenguaje se produce una operación de articulación y ordenamiento entre los elementos 'puestos en juego' en el inconsciente, y el
preconsciente: es allí donde podemos decir que en Freud tendría lugar el principio de realidad, que desde Lacan podemos ver que funciona -
de hecho- «aislando al sujeto de la realidad (..) la estructura de un ser vivo está dominada por un proceso de homeostasis, de aislamiento en
relación a la realidad» . La teoría del espejo nos muestra la presencia de un 'Real' que es considerado como núcleo duro que se resiste a ser
simbolizado y a entrar en el mundo de la intersubjetividad: se resiste a ser aprehensible porque pretende ser en sí un sentido ya dado.
El discurso no es entonces simple lenguaje. Es lenguaje y sentido; es lo dado y una operación que concreta lo dado. Éste es, pues, el
espacio ideológico: una serie de significantes que 'flotan' en una realidad social, que generan sentido, dado que están articulados por una
operación de acolchonamiento.
Para Lefort la democracia será un lugar vacío, ocupado por lo que para Ranciere es la no toma de partido. El totalitarismo como amenaza a
las identidades será, entonces, la idea de que es posible la ocupación de aquél espacio, por medio de un acolchonamiento que logre
significar la totalidad de los significantes de forma universal. Es la idea de que es posible una representación absoluta, que instaure un sentido
social trascendente, dentro del cual no hay ya más puja por ninguna identidad social, puesto que el conflicto aparece como resuelto en una
sola.
La pregunta es si, aunque imposible, ¿la aparición de éste sentido social que suscita un peligro totalitario, es acaso necesaria? Sí: el efecto
del acolchonamiento es lo político por excelencia porque es en sí un sentido social que aglutina toda actividad humana dentro de la sociedad;
es en sí lo intersubjetivo no ya como algo construido permanentemente sino como algo dado que posibilita la vida social. Al propio tiempo, la
necesidad entra en dialéctica con la imposibilidad: es imposible porque parte de la ilusión de la completud,  de la superación de la tensión
sujeto-objeto (en tanto efecto ideológico).

«Nosotros podemos tener un objeto que es absolutamente necesario, pero al mismo tiempo podemos afirmar que ese objeto es imposible. Es
decir, si un objeto es necesario va a tener que entrar en el campo de la representación. Si ése objeto es imposible, las formas en que va a
entrar en el campo de la representación va a tener que ser necesariamente la forma de una representación deformada (..) dialéctica especifica
entre imposibilidad y necesidad por el cual el campo de la representación sea un campo que medie entre estas dos dimensiones
incompatibles.»

El campo discursivo es, por lo tanto, el campo de la representación y el sujeto queda como portador del significante. Es decir, que el sujeto
no queda simplemente atrapado en las redes de un discurso, sino que la tensión inherente que le sobreviene, lo hace las veces de puente
entre discurso y discurso: «Hay sujeto porque la sustancia -objetividad no logra constituirse plenamente; la ubicación del sujeto es la fisura
en el centro mismo de toda estructura«.  Esto indica la indecidibilidad de los límites de toda estructura: no existe un criterio unívoco que
establezca de una vez y para siempre una cadena de significantes y relaciones de equivalencias lingüísticas. Existe entonces una falla
estructural que indica la imposibilidad de sistematización absoluta de todo sistema. El cierre estructural es una ilusión: las identidades
dependen siempre del sentido social imperante que, al estar en constante redefinición y sujetas a la contingencia, las mantiene dislocadas.
Althusser verá el problema de las identidades desde la perspectiva del sujeto. Supondrá así que el sujeto (sujetado, sometido a un sistema)
está centrado en el reconocimiento del otro, lo que el mecanismo de interpelación ideológica que hace a los sujetos desconocer su sujeción
(ideológica): se supone que la ideología posiciona al sujeto desde un lugar en el cual lo que le sucede es un (re) conocimiento de algo que se
conoce por anticipado, que existe como evidencia.
Laclau discutirá con este supuesto: no existe tal tipo de representación no deformada de la realidad. En conexión con lo expuesto sobre
Zizek, es en el orden de lo discursivo en donde se da «una competencia entre diversos grupos por dar a sus particularismos, de modo
temporal, una función de representación universal.»
Lo universal no es más que una de las formas que puede adoptar contingentemente cualquier particularismo, con lo que las identidades
aparecen 'dislocadas' como efecto de esta contingencia. La adopción de una forma universal nunca se realiza totalmente, y es por ello que la
'sutura' tampoco es plena. Laclau llamará significante vacío (también asemejable a la noción lefortiana del poder) a aquella significación que
logra acolchar una cadena lógica de equivalencias. Esta cadena tiene sentido social y se mueve dentro de los límites que supone el
'significante vacío'; las lógicas de equivalencias de lo discursivo producen el efecto constituir límites entre el discurso y su exterioridad (otros
discursos).
Se entiende, pues, cómo el antagonismo con lo que el discurso dice de sí mismo no ser, también lo constituye, porque las diferencias que
derivan de la lógica de las equivalencias funcionan como un principio de exclusión:

«La idea de un cierto cierre de lo ideológico es lo que es considerado la ilusión ideológica por excelencia. Se ha invertido (...) ese exterior
constitutivo es lo que es la condición del interior de esa totalidad, que hemos llamado un sistema.»

En síntesis y para concluir, recurrimos a la claridad de las palabras de Laclau:

«(..) la sistematicidad del sistema, aquello que hace posible el sistema de las diferencias como tales, es un objeto que es a la vez necesario,
porque sin sistema no habría posibilidad de identidades diferenciales, pero es también imposible porque esta ambigüedad entre equivalencia y
diferencia no puede ser en la última instancia superada.»  «(..) todo aquello que iba a posibilitar la plenitud de la sociedad como tal, que iba a
posibilitar una particularidad, una diferencia concreta, asumía una función de horizonte (..) todo aquello a partir de lo cual la sociedad iba a
desarrollar toda su plenitud. Con esto vemos que existe una operación ideológica (..) una operación de cierre»  


La dialéctica de las identidades en la globalización.
A manera de conclusión.
Las identidades se juegan en esta dialéctica entre necesidad e imposibilidad, entre equivalencia y diferencia, en ese poroso campo de lo
social en el que la contingencia y la lucha por el reconocimiento identitario tienen lugar.
En un plano político, por otro lado, puede observarse que el crecimiento de las disparidades genera en un plano social, además, un enorme
desarrollo de la marginalidad social, gente que no tiene inserción clara en los procesos productivos y encuentra formas de constituir nuevas
identidades.
Actualmente las identidades políticas, incluidas las más radicalmente contestarias, se expresan en una oposición de tipo distinto, como la
proliferación de identidades étnicas o movimientos vecinales.
Ya no podemos hablar de una oposición entre identidad nacional, soberanía y globalización cosmopolita. La globalización afecta a muchos
sectores que reaccionan frente a ella reforzando valores étnicos o culturales. Proliferan nuevos antagonismos que crean nuevas identidades
que no están ligadas -aunque sean nacionalistas o dirigidas a un sector social específico- a la clásica pertenencia de clase. Identidades
dislocadas necesitan reforzar ciertos valores que ya no tienen los marcos anteriores. Es una respuesta antagónica a la globaIización, pero no
nostáIgica sino de lucha.
Las corporaciones son una fuerza disolutoria de las relaciones sociales. Por lo tanto, un mundo totalmente globalizado y dominado por las
corporaciones sería un mundo imposible. Por otro lado, las fuerzas que resisten a la globalización organizan espacios sociales en donde se
crean nuevas identidades. Según Pierre Bourdieu, estas nuevas identidades son ambiguas: organizan espacios sociales sin los cuales la
globalización no sería posible -porque es una fuerza disolutoria- y, a la vez, significan una resistencia. Tenemos allí una guerra de posiciones
en el sentido gramsciano en el cual nuevas contradicciones dan lugar a nuevos antagonismos y nuevas identidades.

Bibliografia

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SOBRE EL AUTOR:
Sociólogo y Politólogo de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Docente de las asignaturas de
Sicología Política  y  Sicología de las masas y totalitarismo en el Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la
misma Universidad. Ha investigado y aplicado la obra de Ernesto Laclau en el contexto curricular del Departamento de Ciencias de la
Comunicación de aquella. Es Director del Departamento de Psicología Política del Centro de Investigación argentino en Ciencia Política
Ciudad Política, Investigador de UBACyT y del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales Gino Germani, y, desde el 2005,
representante en su país del Instituto de Investigaciones del Pensamiento Peruano y Latinoamericano-UNMSM, Perú. Actualmente viene
preparando una publicación con algunos investigadores peruanos, entre los que dstacan Antonio Ramirez, Presidente de Diaporein
*  ZENOBIO SALDIVIA M.:
LA  IDENTIDAD  
LATINOAMERICANA: UNA
BUSQUEDA DE SIGLOS .
 
U. Tecnológica Metropolitana,       Stgo.,
Chile   
 leer

*  CLARA ALICIA JALIF DE
BERTRANOU:
"El latinoamericanismo
filosófico contemporáneo: sus
antecedentes"
Universidad Nacional de Cuyo
Mendoza-Argentina  
 leer

*  DIEZ AÑOS DE LA CULTURA
ARGENTINA DEL CENTENARIO A
TRAVÉS DE LA REVISTA
NOSOTROS. OPINIONES SOBRE LA
I GUERRA.
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*  "Vida politica, Universidad y
sugimiento de la fenomenologia
en el Peru"

* BRONYA CALDERON
Las desventajas de un sistema
educativo centralizado