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| El
liberalismo de la igualdad |

 Francisco
Bilbao
Autor: Clara Alicia Jalif de
Bertranou
Editorial:
Ediunc
| Por Arturo
Andrés Roig
El
libro de la doctora Clara Alicia Jalif de Bertranou, que hoy
tenemos la satisfacción de presentar, se ocupa de la figura de
uno de los más grandes pensadores chilenos: Francisco Bilbao
(1823-1865). Este célebre escritor, por azares de su vida y,
además, por su obra literaria y política movida por una
voluntad visionaria, es sin dudas un pensador y un luchador
continental. El hecho de haberlo elegido como tema de
investigación y estudio no es, por lo demás, fortuito. Estamos
ante un nuevo esfuerzo, bien logrado, llevado a cabo dentro de
una rica tradición.
No es nuestro intento hacer la
historia pormenorizada de la misma, ya larga y no diré
abundante, sino abundantísima, surgida en nuestras tierras
preferentemente desde el campo de los estudios filosóficos. Me
estoy refiriendo a la historia de las ideas, de nuestras
ideas. En varias ocasiones hemos hecho esbozos de esa
específica historiografía cuyos antecedentes, si bien se
remontan al siglo XIX, tuvieron para nosotros, los
latinoamericanos, un inicio concreto en 1940, tal como lo
recuerda la doctora Bertranou. Y como la historia de esa
historiografía es ya larga, cuenta en su haber con sus
fundadores, cultores e impulsores que se destacan. En la
fuerte tradición mexicana están, de modo preeminente, José
Gaos y Leopoldo Zea; en la nuestra, la argentina, hemos de
señalar a Alejandro Korn, José Ingenieros, Coriolano Alberini
y Francisco Romero. Y, por cierto, no hay país de los nuestros
que no tenga sus promotores y cultores que han hecho de la
historia de las ideas un saber que abarca a toda Iberoamérica.
Y si de la macro-región, bajamos a las regiones como
ésta, la nuestra, la antigua Provincia de Cuyo, hemos de decir
que no somos excepción. En este momento hemos de recordar a
ese incansable promotor, el profesor Diego F. Pró, cuya labor
desde el Instituto que dejó fundado y desde la ya insoslayable
revista Cuyo, llenó toda una época. Justamente, la doctora
Bertranou ha asumido la no liviana herencia de continuar
incrementando y enriqueciendo ese legado.
El estudio
sobre Bilbao que hoy presentamos es una manifestación,
precisamente, del enriquecimiento tanto de aquella tradición
continental como de la de nuestra región. El regreso a la
democracia, luego de los funestos años de la dictadura
militar, significó una reapertura en muchos campos del trabajo
humanístico los que, en aquellos años debieron pasar a
silencio o vieron gravemente frenado ese desarrollo. Con aquel
regreso se abrió una nueva etapa relacionada no sólo con un
enriquecimiento y ampliación del campo de miras de la revista
Cuyo -a la que el profesor Pró ya la había abierto hacia lo
americano- sino con la consolidación institucional, no sólo
desde nuestra Universidad Nacional de Cuyo, sino desde otros
sectores, entre ellos, de modo destacado, el Centro Regional
de Investigaciones Científicas y Técnicas (el Cricyt). En este
centro los estudios sobre pensamiento latinoamericano
adquirieron una definitiva institucionalización con la
creación, por parte del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (Conicet), del Instituto de Ciencias
Humanas, Sociales y Ambientales en 1995. Allí concluyó de
consolidarse un equipo el que, a más de una labor constante de
seminarios que venían funcionando desde 1986, se ha destacado
por la producción de tesis de doctorado, así como de maestría,
orientadas al estudio del pensamiento latinoamericano, labor
apoyada, además, de modo constante por la Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, así
como por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la
misma universidad.
Nos interesa en este caso destacar
las tesis de doctorado específicamente realizadas sobre
escritores nuestros, la mayor cantidad de ellos a la vez
intelectuales y luchadores sociales. Por cierto hay otras
tesis sobre conjuntos epocales y otros temas afines. Las
señaladas primero se han ocupado del dominicano Eugenio María
de Hostos (1994); del ecuatoriano Vicente Rocafuerte (1995);
del venezolano Francisco Miranda (1996); del cubano José Martí
(1997); del argentino Víctor Mercante (1997); del mexicano
Carlos Fuentes (2001); del brasileño Euclides da Cunha (2002);
del chileno Francisco Bilbao (2002) y del mexicano Justino
Fernández (2003). Por cierto que hemos mencionado los autores
que han sido principalmente motivo de tesis doctorales, a los
que deberíamos agregar una lista ciertamente importante de
otros escritores nuestros que han sido trabajados en
monografías publicadas en revistas especializadas o en libros:
Antonio de León Pinelo, Sor Juana Inés de la Cruz, Eugenio de
Santa Cruz y Espejo, Juan de Velazco, Simón Rodríguez, Simón
Bolívar, Domingo Faustino Sarmiento, Juan B. Alberdi, Esteban
Echeverría, Juan Montalvo, José Peralta, José E. Rodó,
Belisario Quevedo, Alejandro Korn, Alfredo Vaz Ferreira, José
Gaos, Ezequiel Martínez Estrada, Hernán Malo, Augusto Salazar
Bondy, Leopoldo Zea y otros. De los estudios del equipo que
estamos comentando se ha desprendido, además, una línea de
trabajo sobre el tema género. Dentro de ella se han estudiado
las figuras de la ecuatoriana Manuela Sáenz y las argentinas
Juana Azurduy y Angélica Mendoza.
En fin, desde el
Instituto de Ciencias Humanas del Cricyt se han promovido,
además, libros conjuntos entre los que cabe destacar, muy
particularmente, la edición del tomo XXII de la Enciclopedia
Iberoamericana de Filosofía (2000), que publica en Madrid el
Consejo Superior de Investigaciones Científicas español, sobre
El Pensamiento Social y Político Iberoamericano del Siglo XIX,
obra en la que ha intervenido parte de nuestro equipo.
Con esta labor los mendocinos nos hemos abierto
decididamente al continente iberoamericano, así como el Caribe
principalmente hispánico, ampliación de horizontes que
faltaba, sin ignorar por cierto la inmensa diversidad y
densidad cultural de esta nuestra América, que no sólo piensa
en castellano y brasileño. Dentro de este proyecto, hoy
celebramos, precisamente con el libro de nuestra colega y
amiga sobre Francisco Bilbao, un hito más de una labor ya
consolidada fuertemente.
Ocupémonos ahora de la
actualidad de las ideas de Bilbao a partir de las sugerentes
páginas del estudio de la doctora Bertranou. Uno de los
aspectos que nos interesa destacar se relaciona con los
conceptos de "sociedad civil" y "sociedad política",
cuestiones que, según nos dice la autora, se encuentran
presentes en la obra de Bilbao desde "las páginas iniciales de
Sociabilidad chilena", escrito en el año 1844.
En ese
célebre texto publicado un año antes que el Facundo de
Sarmiento, se hace una crítica a la sociedad patriarcal,
invocando principios de un liberalismo al que bien podríamos
denominar "libertario". ¿En qué se caracteriza éste? Como lo
dice la autora se trata de "un liberalismo reformista y hasta
revolucionario en la medida en que se entendía el gobierno
como agente liberador -inclusive, redistribuidor de riqueza- y
optimista en la concepción antropológica del pensar a los
sujetos en términos de creaturas natural e intrínsecamente
razonables y perfectibles".
Se trataba, pues, de lo
que también puede llamarse como un "liberalismo de la
igualdad", pero no de una igualdad formal, sino real. que era
lo que lo hacía intrínsecamente revolucionario: igualdad
efectiva de derechos, acceso de todos a la propiedad y a la
actividad productiva, igualdad en la toma de decisiones
gubernamentales. En el orden privado, Bilbao hablaba, además,
de una igualdad matrimonial. En fin, un realizar de modo pleno
y por parte absolutamente de todos, sin marginaciones de
sectores sociales, de una democracia que alcanzaba a todos los
actos de la vida.
Ahora bien ¿cómo quebrar la sociedad
patriarcal? Pues, denunciando las mediaciones sobre las que
esa sociedad se ha estructurado. Se trata, lo mismo que en
Rousseau, básicamente de una denuncia de mediaciones
institucionales; la más fuerte de todas para Bilbao, la que
daba consistencia al poder despótico, era principalmente la
Iglesia romana, la que no se había desprendido en nada de
ancestrales hábitos de dominio derivados del mundo colonial.
Pues bien, este liberalismo de la igualdad implicaba,
y esto tal vez sea lo más importante, una política universal
de inclusión social y de denuncia y repudio de toda exclusión.
Muy acertadamente la doctora Bertranou, al hacer el análisis
del discurso bilbaíno, nos dice que "aspiraba a asumir las
voces silenciadas" y que la sociedad se le presentaba como "un
gran texto que es preciso saber leer", pero no para establecer
desde esa lectura formas de marginación y de exclusión
sociales, sino todo lo contrario.
Debido a esto, el
célebre escrito titulado "Sociabilidad chilena", publicado un
año antes que el Facundo tal como ya lo dijimos, era de hecho
un anti-Facundo. Ambos se organizan sobre dialécticas
contrapuestas. En la obra sarmientina regía una dicotomía
radical, tan sólo superable mediante la desaparición y hasta
muerte de uno de los términos, brevemente, de lo que se
caracteriza como "barbarie", de ahí que se le presentara el
escrito de Bilbao como "una mezcla indigesta de desatinos y de
herejías".
Pues bien, un liberalismo como el de Bilbao,
que para ser un auténtico liberalismo ha de ser sometido a una
depuración de mediaciones, es el liberalismo del que nos
hablan en nuestros días escritores que entienden que se ha de
rescatar, mediante una depuración, su verdadero espíritu, el
que sería precisamente el de la integración y no el de la
marginación sociales. Concretamente nos referimos a las tesis
de C.B. Macpherson, autor repudiado por los neo-liberales,
quien sostiene que depurado el liberalismo de la contaminación
economicista a la que ha sido sometido, muestra valores
humanos rescatables sobre los que se podría intentar una
democracia no pervertida. Tanto en el chileno Bilbao como en
el canadiense Macpherson, se trata de eliminar formas de
mediación que impiden la vigencia de valores humanos. Para el
primero, la institución más fuerte sobre la que se apoyaba el
poder patriarcal era la Iglesia; para el segundo, la
institución que juega en nuestros días un papel semejante es
el mercado, al que han quedado sometidas la "sociedad civil" y
la "sociedad política".
Veamos ahora otro de los temas
de notable actualidad dentro del pensamiento político de
Bilbao: nos referimos al de la "democracia directa", cuestión
a la que se ha regresado de diversos modos como consecuencia
de la crisis del sistema de representación política.
En esto, Bilbao se presenta como un lector de
Rousseau, quien, a pesar da ser partidario de una "democracia
directa", tenía sus dudas acerca de su realización plena.
Pues, en Bilbao aquellas dudas no existen. Su fe en la
revelación interior que nos igualaba y nos hacía virtuosos,
era inconmovible y sobre ella construyó su concepción del
sujeto político: todo ser humano, hombre o mujer, blanco o
indio, mestizo o mulato, era apto para ejercer la ciudadanía,
para ello bastaba con apoyarse en sus propias fuerzas
interiores. De ahí la invocación con la que expresa lo que
hemos llamado el a priori antropológico: "os conjuro hermanos
míos, escucharnos a nosotros mismos. Tengamos la audacia de
conocernos...”. Bilbao tenía tal fe en esa revelación interior
que estaba seguro de haber descubierto en sí mismo lo que el
propio Rousseau le había inspirado, con lo que se colocaba más
allá del maestro ginebrino.
Pues bien, lo que está en
juego en todo esto es la construcción tanto de la sociedad
civil como de la sociedad política, pensadas ambas como la
antítesis de la sociedad civil que proponía o, más bien,
exigía Sarmiento en esos mismos momentos en las páginas del
Facundo. En pocas palabras, mientras en Bilbao la sociedad
civil particularmente quiere ser construida partiendo primero
del ser humano y subordinando a ella los valores mercantiles
regidos por el concepto de mercancía, en Sarmiento,
anticipando los ideales de la futura sociedad burguesa, la
relación implícita es inversa. Bilbao estaba intuyendo el
sistema de mediaciones que acabaría imponiendo una sociedad en
la que lo político se encuentra supeditado y aun sometido a
los intereses de mercado, lo que ha concluido en nuestros días
en lo que se ha dado en llamar neo-liberalismo y
neo-capitalismo. Y una de las consecuencias de esta inversión
de valores en la que se prioriza lo mercantil sobre lo
político es, precisamente, el de la exclusión social, cuestión
respecto de la que Bilbao se encuentra claramente en contra de
la dicotomía sarmientina de "civilización" y "barbarie".
De este modo, para Sarmiento la "sociedad civil" que
propone y que será la que habrá de imponerse en nuestros
países, tenía dos enemigos: unos eran los caudillos que se
oponían a la modernización, vale decir, a los intereses
mercantiles de las potencias industriales de la época. Y el
peor de todos, el que había hecho de modelo de todos los
caudillos en medio de la barbarie, era el patriota uruguayo
José Gervasio de Artigas, y el otro, acabados los caudillos,
este joven iluminado que venía a actualizar desde su
romanticismo, las ideas jacobinas de Mariano Moreno y los
morenistas, los que habían hablado precisamente de "democracia
directa". La sociedad capitalista en formación era
incompatible con estas formas de democracia que ponían en
peligro los intereses de la "gente decente", los propietarios,
y para los cuales la estructura representativa, no la
democracia directa, debía ser el eje sobre el que habría de
articularse tanto la sociedad civil como la sociedad
política.
La democracia participativa, de la que se
habla en nuestros días como alternativa frente a la crisis
profunda del sistema de representación política, tiene sus
antecedentes, justamente en la utopía que vivió Francisco
Bilbao. Y a propósito de esto, debemos recordar que si lo
utópico es por definición nominal lo que no está "en ningún
lugar", nos es posible, aun cuando suene a paradoja, algún
acercamiento al mismo.
Nada más oportuno, pues, para
las necesidades espirituales de nuestro tiempo, así como para
la búsqueda de caminos que no borren la justicia y la dignidad
humana, que la lectura de obras como ésta, tan llena de
sugerencias y de aciertos como la que nos entrega nuestra
querida amiga y colega, la doctora Clara Alicia Jalif de
Bertranou.
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