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| "Globalisation and Blair’s philosophers" ("Globalización y los filósofos detrás de Blair") Paul Goulder * La globalización y la cultura Claudio chipana G. y Gloria Jaliff leer * El rol de la mujer en la edad de la globalización y de la Exclusión; una definición cultural que necesita ser pensada. Gloria Jaliff * Algunas reflexiones sobre la identidad individual frente a las tendencias globalizantes Por Claudio Chipana G * Algunas aproximaciones a la globalización. Por Claudio Chipana G. * Un análisis de los efectos de Globalización que incluye la cultura y la exclusión. Por Gloria Jaliff * Globalización y Exclusión. Por Gloria Jaliff * Una relación de efecto: Globalización e identidad. Por Gloria Jaliff * "Fenomenología crítica del voto popular peruano" Por Eusebio Rodríguez Sánchez (Univ San marcos) leer * La verdadera deuda externa Exposición del Cacique Guaicaipuro Cuatémoc ante la reunión de jefes de Estado de la Comunidad Europea "QUIEN LE DEBE A QUIEN" * Gustavo Flores Quelopana: LA POBREZA SEPULTURERO DEL NEOLIBERALISMO * Crescencio Chamani Mareño: MATICES DEL PENSAMIENTO UNICO EN LA REFORMA EDUCATIVA BOLIVIANA LEER * Open veins: Life, politics and friendships in Bolivia, by Nick Buxton web link |
| La globalización y la cultura en el momento actual, ¿alternativas? Claudio Chipana El énfasis puesto en la comprensión del fenómeno globalizador en los aspectos económicos y comerciales no debe hacernos perder de vista la enorme importancia de los procesos culturales que los acompañan. Pero la cultura nos es un mero complemento, el peso que ella tiene en la sociedad y en las tendencias actuales de una intesificación de las distintas naciones, colectividades e individuos, influye y define de modo determinante el conjunto de las otras relaciones. Se ha hablado de interconectividad, desterritorialización, hibridización de las culturales. No obstante, la cultura puede transformarse en un medio para consolidar posiciones globales de determinados intereses por medio del control y el poder especialmente cuando se habla de transnacionalización de la cultura o incluso de imperialismo cultural. Uno de los temas que más se ha replanteado en los tiempos actuales a la luz de estos procesos globales es el de la identidad nacional o cultural, a los que casi ninguna colectividad se sustrae. Por otro lado las diversas manifestaciones culturales pueden tener un mayor rol que otros en la definición de las identidades grupales, nacionales y étnicas. Tal cosa ocurre con el factor religioso. La publicación de una caricatura de Mahoma en Dinamarca ha causado consternación y actos de violencia en el mundo musulmán. Muchos han visto estos hechos como una reacción a la hubris, a la ofensiva global, a actitudes intolerantes desde Occidente que ha provocado el surgimiento de ciertos movimientos fundamentalistas. Frente a tal situación corresponde hacer un ejercicio de reflexión que contemple las grandes tradiciones de tolerancia, una interculturalidad que se base en al respeto de la diferencia, teniendo como punto de partida la consideración del Otro. Por cierto ello pasa por replantearse un orden internacional más equilibrado fundado en normas éticas, y sobre todo en el cuestionamiento de una globalización excluyente como es en gran medida la presente. Londres 24/2/06 Un análisis de los efectos de Globalización que incluye la cultura y la exclusión. En el mundo en que vivimos, la globalización se nos ha convertido en una más de las realidades capitalistas y cotidianas que nuestra conciencia acepta y no cuestiona. La ha aceptado por conveniencia, por necesidad y por imposición. ¿Para que negarlo? A todos nos causa alivio que las cosas se hayan masificado y que sean tan simples como la nada. Pensemos en la cultura que nos representa, transmitida y accesible gracias a la globalización de los medios. Pensemos en la cultura del menor esfuerzo que se nos muestra como un bienestar inevitable. ¿Cómo comprender, reconocer y llegar a tener conciencia que con esta clase de cultura, hemos perdido la posibilidad de desarrollar nuestra propia esencia? Esencia es para el filósofo lo que hace que la persona sea el que es. Y lo que hace que la persona sea, es el acto que realiza en virtud de su esencia. Por lo tanto el hombre, en esta cultura global y despersonalizada, se excluye de ser sí mismo y elude también, la responsabilidad de la producción de su propia y legítima cultura. “El proceso globalizador en su dimensión económica, política y comunicacional es el desenvolvimiento objetivo de la historia; aceptarlo o negarlo no se trata de un asunto “moral”. La cuestión es encontrar estrategias, desde perspectivas regionales novedosas, que sean capaces de frenar el aumento de la exclusión social y que sigan garantizando la diversidad cultural". Gloria Jaliff Londres, 24/2/06 Algunas reflexiones sobre la identidad individual frente a las tendencias globalizantes Por Claudio Chipana G. En esta ocasión nos hemos de abocar a la reflexión sobre el tema de la identidad individual a la luz del fenómeno llamado globalización. Si bien éste término es ampliamente usado, sin embargo, muchas veces ello ocurre sin mayor acuerdo en relación a un significado unívoco. La razón es que depende de la posición del análisis y sobre todo porque a nadie escapa los profundos desniveles sociales que se tienden a ahondarse , y debido también a una crisis de la identidad producto de las tendencias globalizantes. Nos preguntamos si se puede hablar de una identidad ‘global’ , ¿hay algo así como una ‘sociedad global’? ¿Se tiende a una sociedad homogénea? ¿Qué ocurre con la identidad del individuo?. Refirámonos, por ejemplo, al caso del migrante, un signo definitorio de los tiempos actuales en los aspectos social y cultural, aportando nuevos elementos a una crítica de la identidad. El migrante es tomado muchas veces como el ‘otro’, unas veces invisible, otras visible, como sucede con los inmigrantes ‘ilegales’ o refugiados en las metrópolis del centro desarrollado. Por otra parte, contrariamente a un cumplimiento de las promesas de la globalización asistimos a un reforzamiento de las fronteras físicas y mentales. Nuevas murallas se construyen a la par de una celebración poco justificada de los logros de una intensificación de las comunicaciones y un flujo ascendente de las nuevas tecnologías. Lo cierto es que una vez que las barreras y controles físicos son sobrepasados son las barreras mentales las que mayor resistencia ofrecen en nombre de una identidad dudosamente entendida. Lo cierto es que se deben constatar por lo menos dos tendencias que coexisten y moldean las relaciones interpersonales: la homogenización o estandarización y la diferencia o heterogeneidad. Por consiguiente hablar de una identidad única e incambiable resulta impensable. No en vano ha prosperado la tesis, fuertemente sostenida recientemente, de una identidad contingente y afectada por la interrelación de diversas etnias, minorías, y confluencia de códigos culturales diversos. La nación, por otro lado, interpela al individuo, según las circunstancias, exigiéndole una identificación con el discurso dominante. En el caso del migrante, éste debe adecuar sus valores y patrones culturales a la nueva realidad. La sociedad receptora por su parte entra en una crisis de identidad, enarbolando argumentos de una supuesta ruptura de la linealidad de la identidad y tradición nacional, llegando incluso hasta actitudes de rechazo y sentimientos xenofóbicos. No es gratuito por ello que afirmar que, paradójicamente, contradiciendo la propia prédica liberal y de la globalización , las sociedades receptoras tienden a encasillarse en posturas particularistas. Si bien se puede aceptar que de una u otra forma observamos una crisis de la identidad tanto en el centro como en la periferia ,y por consiguiente , que resulta inevitable un ahondamiento de la crisis de la identidad individual y colectiva en un mundo cada vez más cambiante y vulnerable a los influjos globalizantes, también es ostensible notar las tendencias a nivel colectivo y personal, por el mantenimiento y afirmación de la propia identidad, por los riesgos creados por la misma globalización . Este es el juego entre lo global y lo local. Pese a que es posible hablar , no sin algo de consistencia, de una suerte de ‘glocalización’ para reflejar la difuminación de las identidades ‘esencialistas’, aquellas que se piensan como inamovibles y tradicionales, sin embargo , no se puede negar la necesidad de una defensa de la identidad étnica, racial o religiosa como resultado de una negación del otro, del marginal, del oprimido hoy llamado subalterno. Asi se explican los fundamentalismos, que dicho sea de paso no es privativo únicamente de las sociedades no occidentales como pretenden los inventores del ‘clash’ de las civilizaciones. Consideramos que es sólo a partir de estos parámetros que podemos ensayar una comprensión del individuo contemporáneo. Concluimos que el reto del individuo en un mundo globalizante y de predominancia de las leyes del mercado del capitalismo ‘reciente’ y la homogenización transnacional, consiste en que, reconociendo los aspectos contingentes de la identidad , resulta vital la consideración y defensa de la totalidad del individuo frente a las amenazas de la estandarización transnacional, aceptando al mismo tiempo, la necesidad ontológica de una solidaridad universal. Londres 27 enero 2006 claudiochipana@yahoo.com Una relación de efecto: Globalización e identidad Por Gloria Jaliff ¿Cómo podemos definir los términos globalización e identidad sin mencionar su implicación como conceptos relacionados? Obviamente, la globalización en una comunidad es un proceso integral y la identidad es por lo tanto, su cualidad diferencial. Llamamos identidad a todo lo que nos identifica; es el yo enfrentado que va diferenciándose del “otro”. Por ende, llamamos identidad colectiva, a aquel estado de conciencia implícitamente compartida de “unos individuos que reconocen y expresan su pertenencia a una comunidad que los acoge". ¿Cómo hacer posible que la VIDA en un espacio mundial globalizado y de diferentes identidades, pueda desarrollarse y respetarse sin exterminio ni exclusión? ¿Cómo hacer que lo propio de cada uno nos distinga, nos identifique y nos mantenga en el sistema? Si viviéramos en espacios condicionados al desarrollo de nuestras capacidades, nuestra identidad que es aquella que nos diferencia y nos hace ser el que verdaderamente somos, sería el aporte humano tangible del progreso. La identidad nos distinguiría y asumiría el poder de encauzar nuestra energía humana en un orden social determinado. Este orden conllevaría a la adaptación dinámica de nuestras necesidades así como también, establecería los valores como la justicia y la igualdad. Pero asombrosamente realidades impuestas como el capitalismo globalizante, reprimen y anulan nuestras capacidades; el mundo globalizado por el despliegue económico del liberalismo, ha trasformado la conciencia y ha cohibido nuestras potencialidades. El capitalismo globalizador … “desde que se instala, es capaz de construir y/o reconstruir “cielos nuevos y tierras nuevas”, espacios de esperanza y nuevas dimensiones de cambios individuales y sociales. El espacio y las concepciones, ideologías y percepciones a él asociadas, hacen que el mundo cambie y que nazca una nueva propuesta; un nuevo orden y una nueva identidad global que nos identifica y que nos aleja de nuestras propias identidades o realidades. ¿Cómo salir pues de la sensación de impotencia que genera en este sentido, el mundo globalizado y capitalista? A tal realidad de efecto entre globalización, capitalismo e identidad, es necesario convocar una conciencia superior que arriesgue una nueva transvaloración y que proponga un nuevo giro histórico, político y social. Londres 27 enero 2006 gloriajaliff@hotmail.com El rol de la mujer en la edad de la globalización y de la Exclusión; una definición cultural que necesita ser pensada. Gloria Jaliff No hay dudas que el rol de la mujer siempre ha sido impuesto; definido por la cultura o por la religión. Necesitaríamos saber cuál es el verdadero, si es el que parte de los instintos o es el que se nos impone en la sociedad de la que somos parte. Un análisis de la historia de la humanidad, nos indica que las mujeres siempre hemos pertenecido a un engranaje que forma parte de un todo ya establecido. Por supuesto que en este sistema, nadie puede cuestionar lo que ya está determinado. Que la mujer deba cumplir con su rol de madre, esposa, ama de casa, hermana, hija y profesional... ¿Quién lo duda? Lo que no se incluye y no está totalmente claro todavía, es si cada mujer puede disponer de su propia voluntad y por lo tanto sea ella misma, la que pueda determinar su conducta o su rol en la sociedad. Aunque hemos visto en la historia a muchas mujeres sublevadas y realizando su propia esencia, hay muchas otras reprimidas por ideas o por dictámenes. Generalmente, dependen de un rol poco genuino siempre manipulado por las circunstancias religiosas o culturales. En Mujeres y globalización de Lucía Gómez, Amparo Bonilla y Francisco Jódar de la Universidad de Valencia, se afirma que “los proyectos globalizadores de acuerdo con el modelo neoliberal han conformado una estructura social y económica altamente jerarquizada y excluyente. Este nuevo escenario, ha originado un impacto profundo, aunque contradictorio, en la vida de las mujeres y en las posibilidades de responder a la dominación masculina, tanto en el centro como en la periferia del sistema capitalista mundial. Por un lado, la globalización ahonda en las desigualdades, no sólo las sociales o económicas sino las provocadas por razón de sexo. Por otro, se han transformado o metamorfoseado determinadas formas de dominación masculina. Así, podemos señalar que el feminismo contemporáneo se enfrenta al reto de construir instrumentos teóricos que, señalando la forma que adopta el patriarcado en su versión neoliberal y globalizada, permitan una crítica del lugar asignado a la mujer en la lógica económica, cultural y simbólica de la globalización. Este desafío no significa que el feminismo académico deba atender u “ocuparse” de la situación de las “otras mujeres” no occidentales, sino abandonar modelos absolutos y atemporales de intelección y formas permanentes de entender la acción política a partir de un sistema inmutable de coordenadas. No se trata tampoco de unir voces múltiples proponiendo un feminismo inclusivo que mantiene el modelo centro/periferia en el que las mujeres de color o las mujeres del tercer mundo constituyen la periferia. El feminismo contemporáneo debe adoptar esquemas de pensamiento que cuestione el sesgo etnocéntrico del carácter universal del sujeto-mujer así como una noción transhistórica de patriarcado”. En suma, esto significa que no existe otro camino, para afirmarnos en nosotras mismas y cumplir con nuestro verdadero rol de mujer en la edad de la globalización y exclusión, que la denuncia al violador o represor de nuestros derechos trascendentales y humanos. Aunque esta tarea sea difícil de sostener, por la idiosincrasia de la otra parte que siempre negará su participación negativa y represora de la libertad, es la única vía intelectual posible que destacará el rol propio y más genuino de la mujer. De este modo también, siendo nosotras mismas las que determinemos nuestra voluntad de poder, podremos desprendernos de aquellas estructuras sociales y económicas altamente jerarquizadas y excluyentes. Gloria Jaliff Londres marzo 2006 es la única vía intelectual posible que destacará el rol propio y más genuino de la mujer. De este modo también, siendo nosotras mismas las que determinemos nuestra voluntad de poder, podremos desprendernos de aquellas estructuras sociales y económicas altamente jerarquizadas y excluyentes. Gloria Jaliff Londres marzo 2006 |
| Globalización y Exclusión Por Gloria Jaliff El término globalización nos sugiere la acción de difusión y concreción de ideas o proyectos; un globo que se sopla, con aire y energía para que se mantenga erguido y sostenido. De este modo, la globalización a nivel social o cultural resulta de la acción voluntaria de varios individuos que soplan y dan energía y sostén. Es necesario entonces de la disposición de algunos o de muchos para llegar a su plena realización. En consecuencia, la globalización sería una parte de un proceso en el cual todos los seres humanos formamos parte y por el cual todos nos sentimos atraídos. Muchos pensadores hablan hoy de este fenómeno y lo expresan de diferentes maneras. David Harvey en Spaces of Hope,( Harvey, David, Spaces of Hope, (Edinburgh: Edinburgh University Press 22 George Square,2000) dice que la globalización puede ser vista como un proceso, una condición epocal o como una específica variedad de un proyecto político. Aunque no descalifica ninguna de las definiciones, Harvey sostiene que la que más se ajusta a la idea de modernidad es la de proceso, el cual nos hace pensar en primera instancia, en cómo la globalización ha ocurrido o en cómo está ocurriendo. Concluye diciendo que la globalización es tan vieja, como el descubrimiento de América y que coincide además, con la idea expansionista del capitalismo. Tras la Primera Revolución Industrial Europea, parece haber comenzado importantes cambios en la estructura social de tal magnitud, que trastocaron a gran velocidad el mundo que conocemos desde el Siglo XVIII hasta el joven siglo XXI. Tales cambios se han escenificado siempre en una historia cuyo tiempo y espacio muta en un proceso que en El Capital de Marx, se define como “el proceso de circulación del capital” (Marx, 1867). No caben dudas hoy que el capitalismo es el orden mundial que manipula las ideas y que nos ha seducido a todos con su organización y su encanto. Esta convicción nos envuelve en el globo inflado de la in- diferenciación donde nadie debe ni puede diferenciarse del otro. Todos pertenecemos al mismo sistema capitalista de la globalización y exclusión. ¿No existe entonces una mejor interpretación de uno mismo que una cosa globalizada y puesta al servicio del otro, y a la vez, una cosa excluida de ser sí misma? En el capitalismo en realidad, la actividad económica, el éxito y las ganancias se vuelven fines en sí mismo y por lo tanto, el destino del hombre se transforma en el de contribuir al crecimiento del sistema económico y a la acumulación de capital. El hombre se convierte en un engranaje de la vasta máquina económica, un engranaje importante si posee mucho capital, insignificante si carece de él, pero en todos los casos continúa siendo un engranaje destinado a servir propósitos que le son exteriores. Frente al coloso del capitalismo y de la globalización, el mismo hombre, debilitado e impotente de ser él mismo, se excluye “de llegar a ser el que debe ser y se planta en la cosa que le dejan ser”. Así también pueblos enteros son realidades excluidas y no afines con sus idiosincrasias o tradiciones. Estos pueblos prescinden de ser si mismos y en vez de formar naciones dignas de libertades, son cada vez más el resultado de la subordinación y el desamparo. Algunas aproximaciones a la globalización Por Claudio Chipana G Lo que hoy se ha dado por llamar la globalización es generalmente entendido como un fenómeno inclusivo, en tanto que ‘globalizar’ significaría primariamente incluir. Sin embargo, no obstante que es observable la profundización de algunas de sus facetas que justificarían hablar de una globalización, como son la intensificación de las relaciones internacionales, un mayor flujo de capitales, un incremento de las redes comunicativas y la experiencia colectiva de cambios climáticos, entre otros, el proceso y el discurso de la globalización no han podido evitar un discurso y hasta un movimiento de carácter opuesto, el de la antiglobalización. Una razón de ello es que la globalización ha generado y genera simultáneamente dinámicas de inclusión y de exclusión. El hecho es que es un proceso que viene a funcionar en un mundo marcado profundamente por la desigualdad social y económica y que no es observable una reversión significativa de este norte. Ya algunos autores han mostrado que lo que más se globaliza es el mundo desarrollado, y con más lentitud o casi nulo progreso los países pobres o periféricos. Datos recientes muestran que el avance vertiginoso del internet no dejará de avanzar a escala global en las décadas venideras, pero sus avances se darán a un ritmo cada vez más pausado. En el marco de la teorización en torno a la globalización podemos distinguir a diversos autores, a sus defensores y sus detractores o los que optan por una problematización de la globalización sin negar su presencia. Están aquellos, siguiendo la tipificación hecha por Held, McGrew y otros (Global Transformations, Polity, 2000), los ‘globalistas’ o ‘hiperglobalistas’, que sostienen que marchamos a una auténtica experiencia de un mundo unificado, interconectado y que incluso ello ya es una realidad. Dentro de este grupo están los que estiman que esta unificación antes que homogénea se trata de una globalización hegemonizada por algunas potencias, incluso por una sola potencia. También están los ‘escépticos’ , como por ejemplo, Hirst y Thompson, que ponen en tela de juicio la globalización, es decir, no hay cambios novedosos o fundamentales que ameriten hablar de tal fenómeno en el sentido de una transformación ‘globallizada’ del mundo. Finalmente están los ‘transformacionalistas’, una suerte de liberales moderados, que admiten cambios importantes de carácter global pero que ello no nos lleva hablar de un escenario esencialmente diferente y menos aún que la integración signifique que incluya a todos por igual. Si bien son innegables los cambios operados particularmente en las últimas décadas en los planos comercial, tecnológico, financiero, hay que hacer notar que entre los rasgos más saltantes están el rol de las multinacionales (MNC), y el hecho de las profundas desigualdades entre las naciones ricas y pobres. Es dudoso cifrar demasiadas expectativas en el papel de las transnacionales si constatamos el enorme poder que tienen para burlar la capacidad de las naciones para poder controlarlos. La globalización tampoco ha significado mucho para atenuar el daño constante a la naturaleza por parte de las naciones industrializadas, como tampoco para crear relaciones democráticas entre las naciones o garantizar una gobernanza de carácter mundial que garantice soluciones democráticas para las naciones en conflicto, que incluya a las pueblos indígenas y a los pueblos no occidentales. No es gratuito en consecuencia la proliferación de múltiples voces contra la globalización en lo que tiene de excluyente. Cabe preguntarse si la globalización puede adoptar un signo distinto, más inclusivo e igualitario, para lo cual habría que introducir cambios profundos en la relaciones internacionales, creando marcos institucionales para abordar los problemas mundiales y regionales, desde conflictos locales hasta problemas globales como el medio ambiente; o es que ese proceso se dará en las condiciones actuales y que sólo se trataría de profundizar las tendencias en curso. ¿Cómo replantearnos la globalización en términos más inclusivos? Londres, 6 -1-06 |
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